Capital Financiero, prestigioso semanario panameño dedicado a la economía, finanzas y tecnología, entrevistó a principios de junio al Presidente de Inteligensa, Ing. Venanzio Cipollitti, en ocasión de su visita a ese país en el marco de los proyectos que adelanta Inteligensa en Panamá, a raíz de la reciente apertura de su oficina comercial en Ciudad de Panamá.
Las tarjetas con chip, un proceso complejo
En el resto de Centroamérica no hay un mandato y cada banco va a su ritmo.
Con más de 800 trabajadores a nivel global, Grupo Inteligensa, una empresa dedicada al diseño y manufactura de sistemas de pago y productos masivos para la identificación de personas, productos y animales, abrió el año pasado una oficina en Panamá, con el fin de ampliar sus operaciones y participar de manera directa en el proceso que lleva adelante la banca para migrar a las tarjetas con chip, además de generar nuevos negocios en el país.
Esta empresa tiene capacidad para producir 16 millones de tarjetas plásticas de seguridad al mes, ubicándose entre las diez mayores productoras globales de tarjetas, según el Nilson Report.
Venanzio Cipollitti, Presidente del Grupo Inteligensa, durante su reciente visita a Panamá conversó con Capital Financiero, sobre los planes de la empresa en el país, el proceso de migración a las tarjetas con chip y los retos de la banca de América Latina en materia de seguridad.
-¿Cómo fueron los inicios de Inteligensa?
Inteligensa es una empresa que yo fundé hace unos 25 años y es una empresa dedicada a proveer tarjetas de alta seguridad para la banca, para el sector de las telecomunicaciones, transporte, documentos de alta seguridad y dominamos la tecnología de tarjetas con chip para diferentes usos.
Tenemos nuestra oficina corporativa en Miami, pero para Centroamérica la sede está en Costa Rica y el año pasado abrimos una oficina aquí en Panamá.
Por otra parte, tenemos oficinas en República Dominicana, Venezuela, Colombia, Brasil y Uruguay. Atendemos a toda la región y nosotros fabricamos nuestras tarjetas, para lo que contamos con fábricas en Italia, Brasil y México”.
-¿Qué nos puede adelantar de los planes en Panamá?
Vamos a repasar lo que está pasando en América Latina con las tarjetas. Las tarjetas bancarias que todavía tienen bandas magnéticas deben migrar, porque el problema de la clonación es muy serio, y significa perdidas para la banca, que al final se trasladan al usuario en mayores tasas de interés y costos adicionales.
Hay un objetivo fundamental en Centroamérica que es acabar con el fraude y para eso hay que migrar a las tarjetas con chip y esa migración es compleja, porque significa que los bancos deben adoptar esta tecnología, no solo a nivel del plástico, sino en sus sistemas.
Estamos hablando de docenas de bancos que en Panamá van a tener que hacerlo, por lo tanto, nosotros estamos aquí con la finalidad de apoyar a la banca en este proceso complejo. Y no es solo la tarjeta lo que tenemos que cuidar, tenemos que cuidar las transacciones por Internet.
En la medida que se va migrando a las tarjetas con tecnología de chip, el fraude en las transacciones donde la tarjeta no está presente pudiera crecer, por eso hay que reforzar las transacciones en línea.
Para poder implantar el sistema de chip en las tarjetas en Panamá, no sólo hay que cambiar los plásticos, hay que cambiar los terminales de puntos de ventas, inclusive las cajas registradoras para que puedan leer la información que está en el chip de una forma segura.
Hay que blindar el sistema de transacciones en línea, que incluye las compras y los movimientos bancarios. El trabajo que hay que realizar en Panamá es titánico, y por eso decidimos montar una oficina aquí”.
-¿Cómo evalúa el proceso de migración que lleva adelante la banca establecida en el país?
La tarjeta con chip es una tecnología que fue inventada en 1979, que nace cuando la tarjetas con chip se utilizaban para sustituir las monedas en los teléfonos públicos y esa tecnología pasó a estar disponible para la banca a inicios de los años 90. Sin embargo, no existía la necesidad de atender el problema de fraude, porque era muy pequeño. Pero en la medida que las telecomunicaciones empezaron a fortalecerse y los riesgos fuera de línea no tenían justificación, tomaron auge estas tarjetas.
Para inicios del 2.000 se empezó a darle un uso focalizado a la tarjeta con chip para combatir el fraude.
Los dos países punteros en la migración fueron Brasil y México y nosotros estuvimos presentes en esas migraciones desde el inicio.
Diría que en América Latina, al día de hoy, probablemente ya debe haberse migrado entre el 50% y el 60% de todas las tarjetas a chip, quedan los países centroamericanos, del Caribe y Argentina.
Cada uno ha adoptado la tecnología en la medida que siente que ha llegado el momento para el cambio y también en base a los planes de las propias franquicias como Visa, MasterCard y América Express”.
-¿Cómo avanza este proceso en toda Centroamérica?
Siempre hay bancos que son los primeros que se atreven al cambio tecnológico y luego los demás les siguen, porque cuando los primeros bancos empiezan a emitir tarjetas con chip, los que no lo han hecho empiezan a sufrir los embates del fraude, por eso se vuelve intensa la necesidad de cambiar.
La migración al chip no es sólo comprar el plástico, hay que asesorar a los bancos en toda esta nueva tecnología y al mismo tiempo personalizar esas tarjeta que son hechas a la medida de cada banco, luego hay que codificarlas y los centros que codifican son muy escasos, por lo que estamos aquí para facilitar este proceso desde los centros de codificación de tarjetas que tenemos en diferentes países.
Centroamérica en el giro de unos tres a cinco años habrá migrado una parte importante de su base de tarjeta, pero es un proceso que no es fácil y que es costoso para los bancos.
Panamá la ventaja que tiene es que la Superintendencia de Bancos estableció la migración como obligatoria, lo que agilizó las cosas, pero en el resto de Centroamérica no hay un mandato y cada banco va a su ritmo.
Los otros países que están migrando de una forma más rápida son Costa Rica y Guatemala, mientras que El Salvador y Honduras siguen en un proceso más lento”.
-¿En qué otras actividades se viene incrementando el usos de tarjetas con chip?
Siempre cuando hablamos de tarjetas, pensamos en las tarjetas bancarias, pero el mundo de las tarjetas es sumamente basto.
Una tarjeta es un documento de identidad de alta seguridad, pero no solo se necesita identificar a las personas para acceder a una cuenta de débito, crédito o prepago, se requiere identificar a las personas en otras funciones, por ejemplo, un documento de identidad como la cédula o la licencia de conducir con chip.
Estamos hablando de otros parámetros de seguridad que los países necesitan, como los pasaportes que contienen la información del viajero en un chip.
Cuando hablamos de identificar a las personas ante una red telefónica se utiliza una tarjeta SIM, que se fabrica como una tarjeta de crédito, pero se le introduce otro tipo de programación.
Al final lo que se está haciendo a través de las tarjetas es permitir que la personas se identifiquen de una forma segura ante diferentes tipo de redes.
Y también hay dispositivos para identificar alimentos y animales y nosotros estamos en varios proyectos de trazabilidad en todo el Continente, una actividad que está tomando un auge importante.
Manuel Luna G.
mluna@capital.com.pa
Capital Financiero
Redacción
Capital favorece la libre empresa, la competencia, la apertura comercial y la modernización del Estado, de manera que editorialmente está en contra de los monopolios, las barreras al comercio y todo aquello que distorsione el ambiente económico y afecte el desempeño empresarial y macroeconómico de cada país. Síguenos en Twitter @CapitalPanama
